Karl Hans Welz inventó la orgonita en 1991. Pero fue otra persona quien, pocos años después, la convirtió en un movimiento global: Don Croft.
De la fórmula al movimiento
Croft tomó la fórmula original de Welz — metal, resina y cuarzo — y la simplificó al máximo con los Tower Busters: piezas pequeñas, baratas y fáciles de producir en grandes cantidades. Su enfoque no era tanto científico como activista: quería que la orgonita llegara a la mayor cantidad de personas posible, al menor coste posible.
La estrategia de «gifting»
Croft es especialmente conocido por promover lo que llamó «gifting» — repartir Tower Busters gratuitamente cerca de antenas, torres eléctricas y espacios públicos, sin autorización ni ánimo de lucro. Esta práctica generó tanto seguidores entusiastas como críticos, pero fue decisiva para la expansión del material fuera de círculos especializados.
Diferencias con el enfoque de Welz
Mientras Welz mantuvo su trabajo más ligado a la investigación teórica y a productos con nombre comercial propio, Croft democratizó completamente el acceso a la fórmula, publicando instrucciones abiertas para que cualquiera pudiera fabricar sus propias piezas. Esta diferencia de enfoque —investigación cerrada frente a difusión abierta— marcó dos caminos distintos dentro de la misma comunidad.
Su legado actual
Gran parte de la popularidad actual de la orgonita, especialmente en comunidades online y foros internacionales, tiene su origen directo en el trabajo de divulgación de Croft, más que en las publicaciones técnicas originales de Welz.
En resumen
Si Welz es el inventor, Croft es el divulgador que llevó la orgonita del laboratorio a millones de hogares en todo el mundo. Conocer ambas figuras es necesario para entender la historia completa del material, más allá de la fórmula técnica.

